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TÚ NO DESPRECIAS, SEÑOR, UN CORAZÓN ARREPENTIDO. Sal 50, 12-15. 18-19

Sal 50, 12-15. 18-19
¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad
por tu gran compasión, borra mis faltas! 
¡Lávame totalmente de mi culpa 
y purifícame de mi pecado!

Crea en mí, Dios mío, un corazón puro, 
y renueva la firmeza de mi esritu. 
No me arrojes lejos de tu presencia 
ni retires de mí tu santo esritu.

Los sacrificios no te satisfacen;
si ofrezco un holocausto, no lo aceptas:
mi sacrificio es un espíritu contrito, 
tú no desprecias el corazón contrito y humillado.
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Fuente: www.corosanclemente.com.ar/
Uso Litúrgico:
- Salmo Responsorial para el V Domingo de Cuaresma, Ciclo B

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